Quizás sea una de las comarcas más clásicas dentro del Turismo rural en España, probablemente la más antigua en este sector económico junto con algunas de Asturias y Cantabria, pero no por eso quiero dejar de hacer mención en este blog, puesto que también fue uno de mis primeros destinos.
La verdad es que hace muchos años que estuve allí por primera vez, más de 20 y hasta mi última visita, hace un par de meses, han cambiado muchas cosas, aunque no me sorprende, puesto que en estos años no han pasado 2-3 años sin que me pegue una escapadita.
Probablemente ese espíritu que enamoró a Gerald Brenan o a tantos otros no sea el mismo ahora que hace 22 años, pero tengo que reconocer que la Alpujarra de Granada tiene algo que enamora, que te atrapa. Los pueblos son encantadores, muy bonitos, dibujados en la montaña formando paisajes deslumbrantes. Pero no es esto, al menos no sólo son sus paisajes o su comida o sus gentes, hay algo más... Si visitamos los pueblos más conocidos de la Alpujarra granadina (Pampaneira, Bubión y Capileira o Trevelez) encontramos estos paisajes impresionantes, pueblos muy cuidados y perfectamente preparados para recibir al visitante; sin embargo, cuando salimos un poco de este grupo de pueblos y nos adentramos en otros como Pórtugos, Busquistar, Cástaras o Cadiar, nos encontramos con pueblos muy diferentes uno de los otros, con sus propias características dentro de la Alpujarra y, quizás, más atractivos que los anteriores. Y esto ocurre por que mantienen ese aire más tradicional de la vida en la Alpujarra, las costumbres, el trato de sus gentes, etc.
Realmente, aconsejamos a dar una vuelta por la Alpujarra y conocerla a fondo, visitar el barranco de Poqueira y Trevelez, pero no dejar de perderse por esos otros publecitos "desconocidos" y adentrarse en sus calles y sus costumbres. La última vez he parado en Alquería de Morayma (www.alqueriamorayma.com) y no puedo dejar de recomendarlo, merece la pena.

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